Lucía Baskaran: Partir

Novela – 2016 – 204 pàgs. – Reseña: buenalucia-baskaran-entrevista-980x600

En la store de una antigua fábrica de cervezas, la cara ceñuda, cejuda y ojerosa de Lucía Baskaran fue lo que me llamó la atención de esta novela de tapa dura. Al día siguiente, después de leer un par de reseñas alentadoras, chequeé las bibliotecas de mi alrededor. Recorrí más de cuarenta kilómetros para conseguirla. No me equivoqué.

Me intereso siempre por las primeras novelas de un autor, quizás porque yo también escribo y necesito comparar la obra leída con la mía: estoy en el camino adecuado, sigo los buenos pasos… Partir, tiene todos los elementos necesarios para triunfar. La escritura en primera persona consigue que el lector esté cerca de Victoria y desde la primera página, el libro te atrapa. En ningún momento he tenido tentaciones de abandonarlo, aunque en otras ocasiones sin remordimientos he abandonado escritores de más “peso” que L.B. Los capítulos cortos, contados casi como relatos independientes, son acertados.

El tema de la novela: Victoria llega a la madurez después de algunos sufrimientos, los golpes del camino que impiden que todos los cuerpos de adulto descansen en un cerebro de niño/a. Sus personajes son jóvenes y humanos, es decir, intentarán ayudar al prójimo siempre que tengan claro que su posición se encuentra por encima de la otra persona. Habla de temas a menudo tabú con una naturalidad cercana al tuteo. El estilo es el punto fuerte de la novela: fresco y sin florituras. Un poco descarado, como prefiero, siguiendo la tendencia de la generación offbeat de Tony O’Neill en Colgados en Murder mile o Heidi James en Carbono.

Cuando terminamos el libro, no entendemos el mundo más que antes de empezar, pero tenemos una sensación de empatía con las líneas de la autora. Es una novela de fácil lectura, que no quiere decir de fácil escritura. En mi opinión, una primera novela con frases simples y lectura fluida, ligera. Un punto a favor de la autora. Espero con ansias su próxima novela.

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Bikini: La primera bomba atómica.

En 1946, Estados Unidos lanzó su programa de ensayos atómicos en Bikini Atoll, un atolón en el Pacífico central.

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De ahí salió el archi-conocido atuendo de dos piezas, relanzado el mismo año por el empresario francés Louis Réard (las mujeres romanas fueron las primeras en llevarlo hacia 1600 A.C). La stripper Michelle Bernardine, más atrevida que las modelos, las cuales se negaron a lucir esta pieza, desfiló en bikini por una piscina de París. Mientras lo sentía en su piel, dijo a Réard: “Ese bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini”. En España, estuvo prohibido y multado hasta cuarenta mil pesetas. El nombre no pudo ser más adecuado: hoy en día todas lo llevamos y hemos olvidado las pruebas nucleares realizadas en las islas Marshall.

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Entre 1946 y 1958, Harry S Truman lanzó 23 bombas nucleares en Bikini. Los 167 desplazados viven desperdigados por las islas vecinas, otros aprovecharon las facilidades que les brindaron sus verdugos para establecerse en Estados Unidos. Bikini ha recuperado su esplendor y vuelve a estar cubierta de vegetación, pero los análisis advierten que la isla no es habitable. Las esporas del ántrax quedaron en el suelo de la isla, la cual no será apta para la vida durante cientos de años.

 

El rus de Cap Roig, Xavier Guillamón

Novel·la, 265 pàgs. – 2002 – Edicions Proa

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Fa catorze anys que sóc a l’Empordà i aquest matí immillorable de sol, sense gota de vent, he viatjat a Cap Roig. És fascinant respirar les plantes hivernals sense a penes visitants. Semblava el meu jardí privat.

Cap Roig enamora arrel d’una excursió o per un concert estiuenc, però, de qui era el Somni? El castell, el jardí, les vistes, el mar, era el somni de Dorothy i Nicolai, un coronel zarista i una aristòcrata anglesa que durant 50 anys en van tenir cura.  Xavier Guillamón ens apropa a la vida del matrimoni Woevowsky “Els Russos de Cap Roig”.

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1927: Després de cercar a Itàlia, Portugal, França, visiten la costa gironina. La parella troba l’indret ideal a la Costa Brava on compren vinyes i bosc a diversos pagesos, fins a obtenir la parcel·la desitjada. Paguen deu mil pessetes pels terrenys, un preu molt per sobre mercat.

1928-1936: Compren terrenys per construir-hi propietats per aristòcrates anglesos: el baró d’Islington, “La Musclera” a Tamariu; Madeleine Carroll, “El castell Madeleine” a Treumal, Calonge; Lord Instake, “Sania” prop de la cala de Castell; Bessie Walker vídua de Lord Grenfell “La Perica”. Inverteixen els guanys a Cap Roig: set hectàries de jardí botànic, sobre una finca de disset hectàries.

1936-1939: Guerra Civil espanyola. Viuen a l’exili suportant l’agonia de l’espera a Londres.

1936-1980: Tornen a Cap Roig i continuen la seva tasca. Planten espècies d’arreu del món i demanen als cultivadors locals llavors i esqueixos per completar el seu fascinant jardí botànic. Massa temps, viuen a la Porteria, habitatge provisional, tocant al Golfet. Passen moltes frustracions abans que Nicolai Woevowsky s’adoni que la solució financera per construir el castell l’han d’aportar les autoritats. Després de moltes reunions fins a les tantes de la matinada arriben a un acord. El 3 de maig de 1973 el Castell de Cap Roig s’inaugura amb l’assistència de diverses autoritats i un periodista que en farà la portada de Los Sitios de l’endemà. Viuen a Cap Roig fins a la seva mort, Nicolai, 1975 i Dorothy, 1980.

La prosa de la novel·la és seriosa, per moments avorrida, tens ganes de saltar-te pàgines, però la història dels inicis del turisme a la Costa Brava és massa suggestiva per deixar-la. Amb la idea dels “Russos de Cap Roig”, la Costa Brava d’avui tindria un altre aspecte: hauria conservat més espais naturals amb construccions adaptades al paisatge.

Como leer Irène Némirovsky

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Leí El baile, antes que se publicara Suite francesa. Después, leer Némirovsky se ha convertido en un vicio. ¿Tenía Ella un talento fastuoso o mucha rabia por sacar? Opino que diversos puntos se cruzaron en su vida, formando la escritora perfecta. Murió joven, a los 39 años, con una larga lista de novelas publicadas en un mundo dominado por hombres.

Confió que nadie la denunciaría viviendo en un pequeño pueblo de Francia, Issy-l’Évêque durante la II G.M., a menos de cien kilómetros de Vichy, sede del gobierno de Pétain. ¿Por qué no se marchó a Estados Unidos como le propuso su padre Léon Némirovsky antes de la guerra? No encuentro más que una respuesta: confiaba que no sería tratada como los demás judíos. El ego nos juega malas pasadas.

¿Por dónde empezamos a leer I.N.? Suite francesa (2004, premio Renaudot), la obra que ha relanzado su nombre. Novela algunas anécdotas ocurridas durante la II Guerra Mundial. Es su última obra, narra su experiencia con un dominio excepcional del lenguaje, sabe como poner el dedo en la llaga. Con sus palabras expresa los sentimientos más escondidos del ser humano. Analiza como una psicóloga los caracteres de sus personajes. En todos sus libros es una Maestra de Almas.

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Si preferís empezar por una novela corta, El baile (1930). Junto con El vino de la soledad (1935), son las obras con más peso autobiográfico. En ambas se aprecia el odio y desprecio que sentía hacia su madre. Si os gusta el estilo némirovskyano, seguid con: David Golder (1929, una imagen de su padre), El maestro de almas (1939, el retrato de un médico judío), El ardor de la sangre (2007, póstuma), Los perros y los lobos (1940, un triángulo amoroso). En su maravillosa prosa no hay palabras superfluas. Nada sobra. Los temas son actuales.

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Se deleitó con El retrato de Dorian Grey, pero no pudo llegar a vieja para comprobar como hubiera cambiado. Desenraizada de Rusia a sus diecisiete años y de Francia, después: dejó París para vivir en un pueblo y más tarde arrancada de él para ser llevada a Auschwitz donde murió al poco tiempo de tifus. Conoció de cerca la hipocresía y la traición.

Sus hijas: Denise y Élisabeth, cuando se encontraron solas y huérfanas (su marido fue capturado y matado poco después) llamaron a la puerta de la abuela materna en Niza. Nunca las abrió. Élisabeth Gille, novelista, publicó El mirador, las memorias soñadas de su madre. Denise fue quien casi sesenta años después que Irène escribiera el manuscrito de Suite francesa y El ardor de la sangre logró publicarlos con mucho acierto.

 

Carmen Cueva: Mamá, quiero ser feminista

Autobiografía, 202 pág – 2016 – Anota, lee

Escudriñé la librería en busca de los títulos de mi fluctuante lista, hasta que el rojo anaranjado de Mamá, quiero ser feminista captó mi atención. Cuando lo hojeé, vi la maravilla de ilustraciones de Malota. Esos dibujos, que junto con la tapa dura del libro, le dan un aire único de volumen artesanal. Tenía que tenerlo pronto en mis estanterías. ¡Qué reliquia!

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Ilustración: Malota

El texto tampoco es nada decepcionante; su autora, Carmen G de la Cueva escribe con delicadeza y amor una combinación entre autobiografía y ensayo. Cada capítulo de su vida está entrelazado con el de algunas de las escritoras más influyentes: Virginie Despentes, Jane Austin, Annie Ernaux, Germaine Greer, Caitlin Moran.., entre un largo repertorio, de manera que nos transmite su conocimiento, guiándonos con una mano invisible por la vida de varias autoras.

A parte del título, que no me convence, el resto es todo provechoso. Se nota que la autora hace sus deberes y lee mucha literatura femenina. La palabra feminista no tendría ninguna acepción si no existiera una diferencia entre hombres y mujeres (o si la diferencia fuera ínfima); tampoco, si ellos no hubieran intentado durante siglos ponernos en una situación de inferioridad frente a ellos. El día que mujeres incompetentes ocupen puestos importantes -en el mismo porcentaje que el hombre- hablaremos de igualdad. 

Dice la autora que no tiene amigas de carne y hueso; las escritoras son sus buenas amigas y las mejores guías: nos han dejado sus experiencias y sus conocimientos por escrito como mejor han sabido. Tener amigas literarias es saber elegir entre las mejores. Nos elevan a un nivel más alto. Con la Guía de Lectura podremos estudiarlas con la misma seducción que lo hace Carmen G de la Cueva.